miércoles, 20 de noviembre de 2013

ERRORES MUY ACERTADOS

Tengo la suerte de dedicarme a la enseñanza de idiomas extranjeros:
Una aventura tan agotadora como satisfactoria.
Tan agotadora para el que aprende, como para el que enseña.
Tan satisfactoria para el que aprende, como para el que enseña.

 
Aquí mi filosofía, tras los años de experiencia:

 

Aprender idiomas es como vivir…
solo arriesgando se aprende,
Solo cometiendo errores se encuentra  el camino para avanzar.
Aceptar el error; corregirlo; aprender de él nos lleva a encontrar el acierto.

Sin riesgo no hay error… ni acierto.

Berta Villarino.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Rentrée

Bueno.
Regresada.
Perdonándome.
Porque el tiempo de presunto relax y desconexión ha sido sólo a ratos  relax y desconexión. 
Pero ahora ya casi está.
El otro día fui al Poliorama. 
Y vi a cinco hombres diciendo el verso impecablemente, tocando el almirez y la guitarra, cantando garrotín y romance, siendo el Filólogo Lumbreras, Shakespeare, el Condeduque de Olivares, Cervantes, Españññña, Don Parné, el enamorado, la enamorada, los ocupantes de la nave de los locos, un sastre, la musa Talía, jugando con las palabras, diciendo a Lope de Vega o a Santa Teresa de Jesús  arrojando una mirada acidísima sobre nuestro tiempo. Eso sí, con la métrica del siglo de oro. Y qué bien encaja. Ojalá se les hubiera ocurrido antes esta folía. 
Ron La Lá han llegado a la ciudad. 
Qué bien le han sentado a mi reentrée. 


sábado, 27 de julio de 2013

Palabras vacías

Me gustan las palabras: comunican, enlazan, transmiten ideas, sentimientos y saber. Las hay de muchos colores, altas y bajas, gordas y delgadas con letras grandes y pequeñas. Son como la misma humanidad con sus muchas razas y variedades, con personas tan distintas que en su esencia son iguales.
Cuando conducimos por un tramo en obras y leemos algo así como: “trabajamos para usted, disculpe las molestias” estamos leyendo palabras vacías. Deberíamos leer: “este tramo está siendo renovado y usted debe acoplarse a las molestias que le ocasionen las obras, le guste o no”. O cuando estamos esperando un metro, un avión, un tren y una voz que no se inmuta nos informa por un altavoz de que nuestro transporte saldrá con retraso y añade como coletilla un disculpe o lamentamos las molestias. La palabra disculpe y la palabra lamentar pierden su esencia. Ojalá nos dijeran: “no te queda otra, hay que esperar, toma las medidas que consideres convenientes”.
Odio la hipocresía, en personas y en palabras. Una palabra hipócrita es una palabra vacía y hasta hoy, creí que ese era el mayor grado de degradación que un vocablo podía alcanzar. Transmitir un pensamiento, una ideología, una reflexión de forma muy elegante, pero que no se corresponde con la realidad es una falsedad. La hipocresía ensucia la palabra y taladra el lenguaje como el co2 agujerea nuestro ozono.
Las palabras vacías o hipócritas no deberían salir de boca de nadie, no deberían ser pronunciadas ni escritas. Sin embargo, están ahí, y no sólo, son bien aceptadas sino que, además, cuentan con alfombra roja en el lenguaje.
Por mi parte decidí divorciarme de las palabras vacías y apartarlas de mi discurso, me di cuenta del riesgo que supone la sinceridad extrema, que tanto adoro y temí estar rayando la mala educación. Por ello, las evito en la medida de lo posible pero me mantengo entre unos límites que intento contagiar a mis interlocutores. Las cosas por su nombre, sin salir de la frontera de mi entorno social cultural y adaptándome también a la lengua que estoy hablando y a sus normas. Cuando hables conmigo, no importa el idioma, no pronuncies un “lamento”, o un “lo siento mucho”, sino te pesa en el corazón; ni dejes escapar un “enhorabuena” “felicidades” sino te alegras por mi éxito. Lo de buenos días, buenas tardes y buenas noches, por ser un saludo cordial, vamos a dejarlo, pero te pido que si me lo dices, me lo desees también.
Siempre pensé que la peor ofensa para una palabra era ser una palabra vacía. El otro día me di cuenta de que estaba equivocada: copiar y pegar una palabra vacía es peor aún. A veces,  el Control c y Control v de "vacío"… son la degradación máxima del lenguaje.

Berta Villarino

miércoles, 17 de julio de 2013

Estrenando

Podría haber sido cualquier otro día, pero Tercia rima nace hoy. Para escribir sobre cosas sencillas, que ocurren en lo cotidiano y que sirvan, si puede ser, para sacar una sonrisa que despierte el alma dormida. Para vociferar. Para poner en común. Para reunir. 
Podríamos empezar con una tercia rima de manual. Sin embargo, como habrá tantas otras ocasiones de escoger palabras, preferimos estrenarnos con otras sonoridades:  una canción que debería haber ido al festival de Eurovisión. Así de raro va a ir esto. 
Como un cajón de sastre. Un max-mix. Un matxambrat.